Hermes es el nombre dado a los grandes Avatares Cíclicos o Encarnaciones Divinas en Egipto. Por ello, ese nombre entraña un significado de Instructor o Agente de la Sabiduría Eterna.


Según la simbología oculta del antiguo país del Nilo, cada Hermes o Avatar Cíclico era encarnación de Horus, el divino hijo de Isis y de Osiris, tercera persona de la Trinidad Divina antropomorfizada y reflejada en el hombre cósmico o Iniciado, el ser integral salido de las pruebas de los ocultos misterios y de las escuelas de sabiduría a ellos anexas.