Alquimia Transformadora – La alquimia como el camino a la felicidad incondicional

INTRODUCCIÓN

¿Cómo puedo lograr la felicidad incondicional?

Esa es la pregunta a la que todas las preguntas conducen en última instancia. Lo que sea que estamos pidiendo, no lo estamos pidiendo.

Nos sentimos como si estuviéramos buscando un trabajo, una pareja, más dinero en la cuenta bancaria, un hobby para el ocio o un nuevo destino de vacaciones; pero no lo estamos… y lo sabemos. Siempre estamos haciendo las preguntas:

¿Cómo puedo lograr la felicidad incondicional?

Los monjes budistas nos dicen que para entrar en la dicha debemos meditar hasta llegar al nirvana.

Los yoguis hindúes nos dicen que ya somos Brahman -el absoluto- y que todo el sufrimiento es ilusorio. Los santos cristianos nos dicen que para ser felices debemos abrir nuestros corazones, amar a nuestros enemigos y servir a Dios.

Pero cuando nuestro compañero anuncia que ha decidido dejarnos, mostramos una habilidad para manejar las emociones similar a la de un cerdo que es arrastrado al matadero!!!

Todas las enseñanzas espirituales tienen como objetivo, por regla general, llevar progresivamente al discípulo a un estado de conciencia superior en el que el sufrimiento ya no está presente.

Esta condición se indica en varias expresiones: realización del yo supremo, Nirvana, iluminación, apertura del corazón…

Este, por supuesto, es el objetivo hacia el cual la Alquimia, conocida en el pasado como Ars Regia, también apunta. Pero hay que decir que el camino de la alquimia, a diferencia de otros caminos, nos proporciona herramientas que ya pueden cambiar la forma en que nos relacionamos con los problemas de la vida.

El practicante espiritual común, aunque ha comenzado a recorrer un camino que un día le llevará a la «liberación final», se encuentra desamparado ante los pequeños y grandes sufrimientos que inevitablemente se producen a lo largo de su camino.

La Alquimia ofrece una herramienta para trabajar directamente sobre el dolor, la incomodidad y la insatisfacción con el fin de desprenderse de ellas y transmutarlas.

Los alquimistas transmiten una enseñanza práctica que puede empezar a cambiar nuestras vidas de ahora en adelante, si realmente lo queremos… lo cual no es tan obvio.

La regia de Ars puede dividirse en dos caminos: Alquimia inferior y Alquimia superior…

En el camino de la Alquimia Inferior trabajaremos en la transmutación de nuestras emociones negativas – las que nos traen sufrimiento – en emociones superiores – las que nos traen alegría.

Esto permitirá que nuestra conciencia se identifique primero con el Alma y luego, continuando el trabajo con el Espíritu.

En el camino de la alquimia superior, también conocido como ars brevis, trabajaremos en cambio con la experimentación directa del gozo del Alma sin tener que pasar primero por la transformación del sufrimiento, sino utilizando como medio evolutivo la intensa aspiración al «servicio de la humanidad» y la actividad artística.

Pero veremos que sólo para algunos (unos pocos entre nosotros) es posible lograr la identificación con el espíritu sin pasar por las etapas intermedias.

El alquímico es el medio más rápido que se pone a disposición del ser humano para lograr la realización interior y llegar a la serenidad.

Para emprender este viaje sólo se necesita una buena dosis de voluntad y la disposición de dejarse abrumar por el amor.

El arte real se basa precisamente en estas dos cualidades: Voluntad firme y Amor compasivo.

Aquí se trata de trabajar como científicos, transformándose célula tras célula.

Por muy válida que sea una Vía en sí misma, el hecho es que la luz entrará en ti sólo en la medida en que dejes la ventana abierta.

PRIMERA PARTE

La Alquimia es uno de los caminos que conduce al Despertar de la conciencia.

Este curso es adecuado para aquellos que tienen el coraje de embarcarse en el camino de la transformación interior.

Las ideas que presentaremos durante el curso aceleran la expansión de la conciencia.

Aquellos que no están dispuestos a hacer un trabajo PRÁCTICO sobre sí mismos no son adecuados para este curso.

¿Cuál es el propósito de un curso de Alquimia?

El objetivo del practicante de la Alquimia consiste principalmente en la apertura progresiva del corazón.

Al abrir el corazón entramos en una nueva dimensión de la conciencia, llamada despertar, que nos permite ver la realidad más allá de la ilusión.

Esto nos permite proyectarnos en un estado de bienestar constante, ya no dependiente de las situaciones del mundo exterior.

Este estado suele llamarse «iluminación» o «despertar».

Una inteligencia más aguda, una creatividad extraordinaria y la Inmortalidad son los efectos secundarios del despertar humano.

NADIE PUEDE DESPERTARNOS

El trabajo de despertar la conciencia es un trabajo de transmutación alquímica que cada uno de nosotros debe llevar a cabo dentro de sí mismo, asumiendo la responsabilidad del camino que hemos emprendido. Ningún instructor o profesor puede hacer el trabajo por nosotros. Debemos conquistar cada paso hacia la conciencia trabajando en nosotros mismos cada día.

El despertar se produce en virtud de una creciente conciencia de lo que somos, una conciencia conquistada día tras día gracias a una constante observación de nosotros, es decir, de nuestros comportamientos y mecanismos inconscientes.

La observación precisa representa la piedra angular de la obra.

NO CREEN EN NADA

Es mejor no creer nada de lo que nos dicen. Tomemos cada concepto como una hipótesis de trabajo, experimentemos en la práctica y luego veamos si estas enseñanzas son útiles o no. La creencia ciega nunca es una buena actitud

TRABAJO CIENTÍFICO

El trabajo de despertar la conciencia es científico, metódico, riguroso, preciso. No se trata de creer por fe, sino de aprender y luego experimentar con uno mismo.

La Alquimia no se limita a aumentar el conocimiento intelectual del individuo, sino que lo lleva a una transformación radical de sí mismo, del ego, que le permite acceder a verdades de orden superior a la intelectual.

La ciencia, tal como se entiende comúnmente, no permite el acceso a tales verdades porque se basa en la separación entre el experimentador y la realidad experimentada.

El experimentador es siempre también el objeto del experimento. El laboratorio, el taller de alquimia es su propia personalidad. Sólo procediendo de esta manera es posible obtener la auténtica ciencia entendida en su significado original de sabiduría, es decir, la capacidad de comprender plena e intuitivamente el significado del Universo.

Para hacer un buen trabajo debemos, en primer lugar, conocer las leyes que rigen el funcionamiento interno del ser humano y las leyes que rigen el Universo (Microcosmos y Macrocosmos).

Hermes Trismegisto dijo, «Lo que es bajo es como lo que es alto y lo que es alto es como lo que es bajo»…

El objetivo de este curso es ilustrar las principales leyes psicológicas que actúan en nuestras vidas y al mismo tiempo proporcionar las herramientas prácticas para que el participante lleve a cabo un trabajo progresivo de despertar por sí mismo y a su propio ritmo – la apertura del corazón.

«Estás durmiendo y sufriendo porque no estás viendo la realidad, estás viviendo en una realidad de sueño».

«Nuestros cuerpos fueron diseñados para dormir, no para despertar, así que tenemos que ir en contra de la naturaleza.»

Alquimia transformadora, segunda parte.

¿Por qué sufrimos?

¿Y qué podemos hacer para dejar de sufrir?

¿Porque nuestra vida es plana e insatisfactoria o llena de problemas, ansiedades, molestias, decepciones, ira y miedos?

¿Por qué no vivimos diariamente inmersos en la plenitud, el amor y la alegría?

Las antiguas enseñanzas de la Alquimia proporcionan una respuesta clara: sufrimos porque no vemos la realidad

La realidad que se encuentra más allá de la ilusión en la tradición cristiana se llama «el Reino de los Cielos».

Es un mundo de felicidad, satisfacción, serenidad y… inmortalidad.

Cuando entramos en el reino rasgamos el velo del engaño y vivimos inmersos en el amor las 24 horas del día.

Sin embargo, parece que un verdadero muro nos separa de esa realidad, impidiéndonos así disfrutar de los tesoros que se encuentran allí.

Durante el tratamiento llamaremos «emociones negativas» a todas aquellas manifestaciones del carácter humano que nos causan sufrimiento: ira, molestia, celos, depresión, sentido de posesión, sentido de insuficiencia, sentido de impotencia…

Estas son las hijas de la ilusión, las cabezas de la Hidra.

El evangelio dice que no tenemos ojos para ver, ni oídos para oír…

Las escrituras hindúes hablan del velo maya que esconde la realidad de los hombres…

Todos los santos, profetas y gurús del pasado y del presente, después de acceder a un nuevo estado de conciencia (el reino), describen nuestro mundo como un lugar perfecto lleno del amor de Dios.

El reino de los cielos no es un lugar físico, sino un estado de conciencia desde el que es posible captar la realidad en todo su auténtico esplendor.

Según los que nos han abierto los ojos, todos vivimos en un planeta maravilloso.

¿Por qué entonces vemos un mundo lleno de dificultades e injusticias?

Podemos empezar a formular la hipótesis de que la causa de nuestra incomodidad reside en la falta de percepción: miramos la realidad a través de gafas con lentes deformadas y lo que observamos a menudo nos hace sufrir.

Mientras nuestro equilibrio interior permanezca ligado a la esperanza de que nuestra pareja no nos abandone o nos traicione, entonces no podremos alcanzar la felicidad incondicional, por la simple razón de que la pareja puede abandonarnos o traicionarnos.

Si nuestra serenidad está ligada al hecho de que podemos contar con un trabajo seguro, entonces es impensable que alcancemos una serenidad incondicional por la simple razón de que un día podamos ser despedidos.

Si seguimos delegando nuestro bienestar a los acontecimientos externos, seguiremos siendo esclavos de las circunstancias.

Podemos seguir viviendo con la esperanza de que nuestro compañero no nos abandone, que nadie nos robe en la calle, que no le pase nada malo a nuestros parientes y que la empresa para la que trabajamos siempre nos necesite. O podemos hacer algo para tomar nuestra felicidad en nuestras manos y hacerla inamovible.

Es esencial que la gente sepa que todo ser humano puede permanecer en un estado de enamoramiento de la vida incluso después de un abandono o una desgracia.

La Alquimia siempre ha tenido la clave de esta transmutación interior y de hacernos adquirir la capacidad de vivir constantemente en la magnífica realidad del reino, sin ignorar o rechazar los problemas de la materialidad, sino enfrentándolos y convirtiéndolos. Aquí está la solución a todos los problemas existenciales.

El Reino está a nuestro alrededor, ahora mismo, en este lugar, pero un velo nos impide agarrarlo.

(Todo ser humano durante la fase de la niñez y la adolescencia es edu ctrado en aulas especiales para que pueda deslizarse mansamente en el engranaje de producir-consumo-crepa olvidando su naturaleza de guerrero invencible del espíritu).

Este curso explica qué hacer para ir más allá del velo, dejar de sentir el sufrimiento y convertirse en hombres realizados útiles para la evolución de la humanidad.

Este es el cumplimiento del OPUS MAGNUM: La Gran Obra

¿QUÉ BUSCABAN LOS ALQUIMISTAS?

«Que gane la perseverancia, pues si el esfuerzo es tan grande el premio no será mediocre. Todas las cosas preciosas se colocan en lo difícil.

Estrecho es el camino a la felicidad; grande es quizás la promesa del cielo».

Giordano Bruno, Cena de las cenizas

La Alquimia corre transversalmente a través del esoterismo cristiano, rosa+cruz, la masonería, el esoterismo judío, la Cábala y el esoterismo islámico – el sufismo – todos ellos estrechamente vinculados entre sí en términos de propósitos y métodos para lograrlos.

Tomás de Aquino, Pico della Mirandola, Paracelso, Giordano Bruno, Francis Bacon, Jacob Bohme, Isaac Newton, Conde de Saint Germain, Alexander Conde de Cagliostro, Douglas Baker, Georges Gurdjeff… son sólo algunos de los nombres más famosos de la Alquimia.

¿Qué buscaban los alquimistas que a lo largo de los siglos dedicaron sus vidas a la Ópera?

¿Por qué los estudiosos y científicos de tal inteligencia se habrían aplicado tenazmente en un trabajo tan largo y meticuloso que requiere un compromiso diario constante si no se hubieran guiado por la firme convicción de obtener algo indeciblemente precioso?

Ciertamente no perseguían una riqueza material – que todos sabemos que está sujeta a circunstancias externas – sino una especie de realización eterna e incondicional, un estado de felicidad que ya no está ligado a la situación material: la liberación final.

El oro puede ser robado de nosotros

La casa puede ser destruida

La chica puede dejarnos

El mismo cuerpo puede morir

pero hay un estado de conciencia lleno de dicha que una vez alcanzado no puede ser arrebatado de nosotros, ni siquiera con la extinción del cuerpo.

Los alquimistas llamaron a este estado interior:

el Lapis Philosophrum, la piedra de los filósofos.

Miremos dentro: ¿Qué es lo que realmente estamos buscando?

¿Un número con muchos dígitos en la cuenta bancaria o la tranquilidad y seguridad que da el ser dueño de ella?

Buscamos la felicidad, el bienestar incondicional y esta búsqueda mueve todas nuestras acciones.

El problema es que mientras pensemos que este bienestar se puede lograr cambiando las condiciones externas… …se nos escapará infinitamente, siempre irá un paso por delante de nosotros.

Es esencial entender que una cuenta bancaria abundante y la tranquilidad que se origina en nosotros al saber que la tenemos, son dos elementos separados: ¡podemos tener la segunda aún en ausencia de la primera!

En el momento en que logremos reproducir en nosotros esa misma tranquilidad interior – la certeza inquebrantable de que siempre tendremos el dinero que necesitamos – ya no es necesario que luchemos por acumular dinero en la cuenta bancaria.

Con esto no quiero decir que ya no nos interese el dinero o que nos parezca inútil seguir trabajando, sino sólo que nuestra atención se dirigirá a cambiar un estado de conciencia en lugar de concentrarnos en tratar de cambiar el aspecto material.

El resultado será que las condiciones externas se adaptarán a este nuevo estado de serenidad interior.

(Recomiendo la lectura de «Los secretos de la mente millonaria» de T. Harv Eker: Pensar en rico para hacerse rico)

Cuando entramos en el reino nos damos cuenta de que la alegría de enamorarse no tiene límites por la presencia de una pareja en particular o por la ocurrencia de una cierta situación externa. Sin embargo, este amor es glorificado y exaltado a través de mil matices, gracias a las diferentes relaciones que establecemos con el amado, los hijos, los colegas…

Te digo que es posible moverse en el mundo con la tranquilidad interior de un rico petrolero, aunque no tengas su dinero.

Te digo que es posible actuar diariamente con serenidad y alegría incluso después de saber que nuestra pareja se ha enamorado de otra persona.

Le digo que es posible sentirse poderoso e invencible aunque no posea armas y no haya estudiado las artes marciales.

¡Esto es revolucionario!

¡Es una inversión de la forma común de ver la realidad!

¡Esto es lo que los alquimistas estaban buscando!

Para lograr este objetivo, no es necesario someterse a un lavado de cerebro ni participar en cursos centrados en el pensamiento positivo o en la construcción de la autoestima. Son métodos que pretenden hacernos aceptar como bello lo que en verdad, en el fondo, seguimos considerando feo.

CAUSA Y EFECTO

El problema en la mente común está en confundir la causa con el efecto.

No somos ricos porque tengamos mucho dinero, pero tenemos mucho dinero porque somos ricos.

Debemos venir a producir en nosotros el Lapis Philosophorum, es decir, un estado de alegría incondicional, un tesoro interno. Esto nos hará ser como el Rey Midas: todo con lo que nuestra conciencia entre en contacto se transformará en Oro/Joyas.

Normalmente pensamos que nos sentiremos ricos cuando ganemos la lotería, viviremos felices cuando conozcamos a la persona adecuada para nosotros, nos relajaremos cuando finalmente logremos cambiar de trabajo, nos sentiremos satisfechos cuando obtengamos cierta fama; nos sentiremos más serenos cuando ese pariente o ese amigo tome la decisión de hacer esa cosa que tanto nos importa.

¡Nada podría estar más mal!

Cuando hayamos alcanzado una cierta meta, nos daremos cuenta de que la verdadera felicidad aún no ha llegado a nosotros.

Pero en ese punto, en lugar de empezar a cambiar algo dentro de nosotros, nos fijaremos otra meta pensando que cuando alcancemos esa meta… entonces finalmente habremos logrado la felicidad.

A menudo decimos:

«Si las cosas no hubieran resultado así, no estaría sufriendo así ahora.»

«Si no hubiera tenido una infancia incómoda, no tendría estos problemas ahora.»

Estas sentencias firman nuestra condena de la infelicidad por la simple razón de que los hechos han ocurrido de esa manera y nuestra infancia ha sido lo que ha sido.

La única esperanza que nos queda es encontrar la alegría independientemente de los acontecimientos externos, ya sean pasados, presentes o futuros.

«Si tuviera más dinero sería feliz.»

«Si pudiera encontrar una pareja, sería feliz.»

«Si no fuera tan tímido, sería feliz.»

Siempre hay algo malo en nuestras vidas.

Un sentimiento generalizado de insatisfacción que nos sigue como una sombra.

Siempre hay un elemento que nos separa de la perfección… y por lo tanto de la alegría de vivir.

Delegamos nuestra felicidad en la ocurrencia de eventos externos.

Afortunadamente, la causa de nuestra felicidad no viene de fuera.

Podemos ser felices aquí y ahora sin ninguna motivación externa.

Esto no puede ser el resultado de una imposición mental, sino sólo la consecuencia de la percepción natural de la realidad.

En conclusión

Creemos que sólo sentiremos amor cuando conozcamos a cierta persona: la persona adecuada para nosotros. Bueno, de nuevo estamos confundiendo la causa con el efecto. Sólo cuando estamos llenos de amor en nuestro interior, el amor de los demás lloverá sobre nosotros.

Creemos que nos sentiremos poderosos cuando hayamos alcanzado una cierta posición en la sociedad. En cambio, sólo cuando hayamos desarrollado el poder interno que nos permita percibir nuestra inmortalidad podremos desempeñar un papel de cierta importancia para la nación o el planeta.

Si nos sentimos ricos interiormente esta riqueza nuestra se reflejará en la situación externa (Quien se siente rico asume una actitud de riqueza, tal riqueza es independiente de la cantidad de dinero que se posea porque incluso aquellos que tienen mucho dinero pueden sentirse pobres).

La riqueza interior es la solución a todos los problemas relacionados con el dinero.

Los alquimistas pretendían transmutar el plomo en oro, es decir, transformarse para obtener este tipo de riqueza inagotable.

El enamoramiento, la riqueza, el poder, la seguridad son cualidades que pueden ser desarrolladas a través de un camino alquímico, evitando así seguir mendigando a personas y circunstancias ajenas a nosotros.

Como consecuencia, la realidad que nos rodea sólo puede reflejar nuestros cambios internos.

Aquí está la clave para cambiar el mundo.

«Cambia el mundo cambiando tu mismo».

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