Todo comenzó a la edad de 13 años, lo recuerdo muy bien, mi padre un buen hombre de alma gentil y sobre todo un hombre trabajador, tuvo que mudarse de emergencia por su trabajo, al cabo de unos pocos días ya adquirida la que seria nuestra nueva casa procedimos a mudarnos.

Todas las noches antes de dormir y como hábito me sentaba en el banco de doble uso que estaba en mi ventana para leer un libro y mi perro al pie mío descansaba en su cama que mamá le había hecho, al terminar de leer siempre miraba hacia la calle para ver la gente pasar, y mirar lo que a ellos les sucedía, imaginaba cómo era la vida de cada una de las personas veía lo felices que algunos eran y como otros llevaban un peso en sus hombros, pero lo que más me emocionaba era ver a Amanda llegar de Ballet, una niña caucásica de mi edad hermosa como nadie, con su pelo largo y negro, sus ojos verdes cristalinos y con una sonrisa que contagia a cualquiera que estuviera frente a ella, realmente comenzaba a gustarme ese vecindario.

Sin embargo, como es costumbre en nuestra familia al llegar a un nuevo hogar realizamos lo que algunos llamarían ritual, pero para nosotros es bendecir y llenar de paz la casa en la que estaremos viviendo, éste procedimiento consiste en rociar agua bendita haciendo oración en cada uno de los cuartos de la casa, y que es llevada a cabo por un sacerdote religioso de creencia cristiana.

Mi padre al no encontrar un sacerdote con disponibilidad inmediata, procedió a buscar un curandero o también conocido como brujo su nombre Elah-aya, una persona amable y con vestimenta fuera de lo común, él con otro tipo de procedimiento al de un sacerdote, pero con la misma finalidad de proteger el hogar de seres sobrenaturales o energía negativa que hubiera en ella, procedió a recorrerla y a realizar sus actividades para hacer “limpieza” al que hace días atrás comenzamos a llamar hogar.

Sin embargo desde aquel día, algo inesperado sucedió en éste nuevo hogar una vez que el curandero Elah-aya “limpio de mal” nuestra casa, hubo algo que quedó en el ambiente, ahora todo era diferente a como se sentía antes de realizar el ritual, la casa era más fría de lo que normalmente había sido, pero fue algo que nadie dio importancia puesto que imaginamos que el clima automatizado quizá estuviera descompuesto, por lo que papá espero para contratar a un profesional ya que los gastos en pocos días habían elevado el presupuesto con el que contaba.

Con el pasar de los días sentía que algo no estaba bien, una sensación recorría en mi cada

que terminaba de leer al pie de mi ventana, y una noche cansado por mis actividades me quede dormido por un momento en el banco de lectura, al despertarme y mirar hacía la calle esta estaba completamente vacías los focos de algunas lámparas parpadean todo era extraño como si estuviera soñando, de repente voltee a mirar hacía la luna que era la única que reflejaba luz pero lo que logré ver fue algo inesperado, era un ser gigante con alas sobrevolando el cielo nocturno, su aspecto era tan aterrador que al verlo mi cuerpo no pudo reaccionar por sí solo viéndolo estáticamente, sus alas eran grandes y medían alrededor de cuatro metros de punta a punta, sus ojos eran bastante rojos como la lava hirviente de un volcán, su sonrisa malévola con colmillos muy grandes, en sus manos tenía una garras inmensamente largas al igual que en sus pies, el aspecto de su cuerpo era similar a la piel de un reptil de color oscuro similar al del cocodrilo, poco a poco descendía hacia un árbol de guamúchil que se encontraba cerca de mi casa en un terreno baldío, sus hojas empezaron a moverse y algunas de ellas a caerse como sí se presentara una ráfaga fuerte de viento, cesando cuando aterrizó en el.

Horrorizado por lo que estaba viendo cerré mis ojos deseando no fuera real, al abrirlos nuevamente y ver que aún seguía ahí, el miedo siguió invadiendo mi cuerpo y mis piernas estaban totalmente paralizadas porque su mirada estaba fija sobre mí además estaba  sonriendo como si el objetivo fuera yo, comencé a tener una lucha con mi cuerpo para que me respondiera y cuándo por fin pude mover mis manos rápidamente cerré las cortinas de mi ventana, me postre en mi llama y llame a mi perro para que subiera a la cama conmigo, me llegue a preguntar varias veces si lo que estaba viendo era producto de mi imaginación.

Me cobije hasta la cabeza con mi perro dentro de las sábanas, mi miedo no cesaba, me sentía congelado, lo único que pasaba por mi mente era rezar y pedir que solo fuera una mala jugada de mi cabeza al quedarme dormido, no sabía si ir al cuarto de mis padres a decirles, pero sabía que no me creerían, las manecillas de mi reloj eran todo lo que se escuchaba y para mi pesar no sentía que la noche no avanzara, todo era tan desconcertante.

De pronto un momento más tarde, comencé a escuchar que mi madre y mi padre murmuraban en su cuarto, por lo que me armé de valor y corrí hacia allá para contarles lo que me había sucedido, al entrar a su cuarto ellos se asustaron al ver la palidez de mi cara y la voz quebradiza que tenía al estarles contando lo que me sucedió.

Ellos con cara de asombro, se veían uno al otro desconcertados como si no hubiera sido el único en ver al ser sobrenatural,  trataron de calmarme y me hicieron saber que no estaba solo pero sobre todo que no había perdido la razón puesto que ellos también lo habían visto en dos ocasiones, esa noche no pude regresar a mi cuarto, ellos me indicaron que por el momento lo más conveniente era que mis cortinas siempre permanecieran cerradas al llegar la noche hasta lograr averiguar qué estaba sucediendo.

En la mañana siguiente procedí a hacer mis tareas, hacía lo imposible para mantenerme en calma, ya que mis hermanos Luis de 8 años y Carlos de 5 no deberían saber lo sucedido, mis padres siempre estuvieron atentos de mi, pues temían que fuera hacerme daño para evitar sentir el miedo que aún sentía. Al llegar la noche mis padres me acompañaron a mi cuarto y yo junto con ellos comenzamos a hacer oración, deseaba tanto no estar ahi ya que la paranoia no me dejaba dormir, temiendo que las cortinas de mi cuarto se fueran a caer o que en cualquier momento éste ser demoníaco estuviera postrado en mi ventana, después de rato de estar pensando en mi cama, el sueño me venció por lo que empecé a descansar sin embargo mi perro comenzó a ladrar tanto que me despertaron, tal fue mi horror que en el techo de mi casa se empezaron a escuchar unas pisadas fuertes que arrastraban unas cadenas iban y venían, cuándo estás se calmaban y por fin empezaba a sentir paz comenzaban a escucharse risas de niños pequeños pero poco a poco se volvían más graves y tenebrosas, no podía entender que estaba sucediendo.

Los eventos no paraban de suceder noche tras noche, y cada vez con mayor intensidad ya que también mis hermanos empezaron a sentir y ver seres extraterrenales, describiéndolas como sombras que se movían de un lado a otro además mismas que traspasaba las puertas y ventanas que había en su habitación, para tranquilidad de mi familia es lo único que les sucedía a ellos. Sin embargo, para mi era totalmente diferente, ya que todas las noches después de oír las pisadas que arrastraban las pesadas cadenas, una voz con risa tenebrosa me susurraba al oído diciéndome “Despierta, despierta y observa”, al despertar era como si alguien le desagradara las decoraciones que había en mi habitación ya que podía ver como estás eran arrojadas al piso a aventadas hacía la puerta.

Mi padre con desesperación busco al brujo Elah-aya para saber qué era lo que realmente había hecho en nuestro hogar ya que al sacar conclusiones todo comenzó desde que el hizo la supuesta limpieza en el hogar. Sin embargo, Elah-aya aconsejo a mi padre que nos mudáramos de ese lugar ya que las energías negativas eran muy fuertes y difícil de sacar.

Mi padre desesperado y angustiado quiso intentar una última cosa antes de salirnos de lo que llamábamos hogar, misma que debió de haber hecho en un principio, llevar a un sacerdote para bendecir nuestra casa según la religión que desde pequeño me habían enseñado, afortunadamente mi padre fue escuchado y acompañado a casa por varios sacerdotes expertos en el tema sobrenatural. Al llegar a casa procedieron a prepararse en oración junto con toda mi familia, y después de ello procedieron a caminar por toda la casa con crucifijos en mano, rociando agua bendita en todo rincón del hogar.

A partir de ese día los eventos pararon en su totalidad, aún cuándo mi ventana permanecía con las cortinas cerradas no volví a ver al que llamé el gigante alado, ni escuchar ruidos extraños y mucho menos ver caer las cosas de mi cuarto.

Sin embargo, no fue la única ocasión que los sacerdotes estuvieron en mi hogar ya que durante una semana todos los días se encontraban muy puntualmente a las 9 de la noche para hacer las mismas actividades que el primer día, al culminar vi como un ser de tamaño pequeño, con orejas puntiagudas salió por la casa y mi perro detrás ladrando sí tuviera que describirlo diría que era un duende. Y aunque las experiencias visibles y escuchables cesaron, me atrevo a decir que éste último ser sigue a mi lado.

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